Huellas

Charla — Dones immigrants i conciliació laboral

Un acto organizado por la Fundación CatDem con la colaboración del Instituto Catalán de las Mujeres. Meri Ilich habla sobre los desafíos que enfrentan las mujeres inmigrantes para conciliar el trabajo y la vida familiar, basándose en su propia experiencia como inmigrante en Barcelona y su trabajo con la Casa Eslava.

Grabación de vídeo18 de noviembre de 2010
Transcripción

Cuando pienso en todo lo que pasó, porque yo llevo 15 años aquí en España, en Barcelona, a veces me parece que soy como una Alicia en el país de las maravillas, porque todavía no puedo asumir toda la maravilla que aquí encuentro, pero tampoco puedo asumir cosas que hemos dejado allí detrás, en comunismo, y que han sido muy bonitas, y que alguna gente, que quería mucho más, más y más, al final ha destruido una idea y un proyecto que ha sido bueno para todo el pueblo.

Aquí, aparte de cuatro años de Casa Eslava, soy escritora, escribo todos estos relatos que la vida me trae, y creo que es una pena, una lástima, no ponerlo sobre el papel, porque mañana la gente se va a olvidar de todo esto. Y también hago coaching de felicidad. Para poder acercar a otros a ser felices, primero tú necesitas pasar por un camino sin felicidad. Y después tienes que conocer muchos tipos de felicidades, y también de infelicidades. La conclusión de todo esto es que todos somos felices de una manera muy parecida y estamos infelices en maneras muy, muy particulares.

Hace unos días me ha llegado, hasta el corazón, un pedido de un grupo de gente de Casa Eslava para repetir una salida intercultural, porque hacemos salidas donde participa también gente de otros orígenes, y a veces nos pasa que hasta gente de aquí nos dice: «Pero este sitio de Barcelona no lo conocía». Entonces ahí nos sentimos muy orgullosos, porque damos un poco, un trocito de felicidad, a gente de aquí que no lo conocía.

Entonces este grupo de Eslava me dijeron: «Queremos repetir la visita al Liceu». Y me sentí… porque si tú ofreces a alguien de aquí «vamos a visitar el Liceu», no va a hacerle feliz porque va a ser algo tan normal, tan cotidiano. Pero para esta gente, que ahora tiene que trabajar y hacer dobles turnos… porque yo invité a mucha gente a venir, y me dijeron: «Quien trabaja casi trabaja doble, y quien no trabaja es tan depresivo que no tiene ganas de hablar de este tema ni de escuchar». Y por esto no es tan fácil hoy.

Entonces esta gente ve el Liceu como algo de cuento, algo maravilloso, porque una entrada para una ópera es tan cara que no la pueden sacar de su bolsillo. Y no hay ninguna ayuda social para que la gente sienta la cultura catalana. Y me gustaría que algún partido político empezara a pensar esto. Para integrarse, para convivir… a mí más me gusta la palabra convivir que integrarse, porque al final tenemos que integrarnos: vosotros a nosotros y nosotros a vosotros, porque Cataluña tiene que ser de todos, y tenemos que hacerla tan flexible que entren todas las culturas.

Así que, para convivir, hay que conocer las culturas unos de otros. Y para conocer la cultura catalana, a veces se necesita tiempo, que no tenemos, y dinero, que mi gente tampoco tiene. Y hay que pensar en acercarlo de una manera que no sea cara. Así que prometí ya conseguir una conversación con el Liceu, porque podemos ir solamente si nos dejan gratis. La visita es tres euros, pero yo tengo mucha gente que no puede dejar tres euros. Y creo que el Liceu va a abrirnos las puertas.

¿Y por qué también creo que soy Alicia en el país de las maravillas? Porque la palabra conciliación en mi país nunca la he oído. Y a veces pienso: por qué. Porque también estoy, como Casa Eslava, en la comisión de Bienestar de Dones de Barcelona. Y allí hace un año se habló mucho, mucho, de este tema. Y en un momento dije: podemos pensar un minuto… qué suerte tenemos de poder hablar de este tema. Qué lujo es poder discutir este tema.

Porque millones de mujeres en África, Latinoamérica y países de Asia nunca pueden ni pensar que existe esta palabra. No existe en su diccionario porque no tienen ningún derecho a cosas mucho más básicas que la conciliación. Así que parte de nuestra felicidad en Cataluña es poder hacer debate sobre este tema.

¿Y por qué mi país nunca inventó esta palabra? Ahora sí, ahora también allí. Pero en tiempos cuando yo vivía allí, hace 15 años, era porque primero nuestros padres viven con nosotros. Muy pocas familias dejan que su padre y madre, si tienen más de 60 años, vivan solos. Entonces siempre te echan una mano para ayudar con niños, para trabajo doméstico, para cualquier cosa. Después, los vecinos se conocen por nombre. Yo aquí cambié muchos pisos, y aparte del portero y dos vecinos, a otros no conozco, porque la gente no se acerca unos a otros.

En mi país, los vecinos son amigos. En Serbia, tú dejas las llaves a un vecino, porque si pasa cualquier cosa, si tú estás de vacaciones, si tu hijo ha perdido las llaves, si tú no estás, cualquier cosa, alguien de este edificio tiene tus llaves. Y nos ayudamos entre amigas. Aquí, por suerte, no tenemos que hacer lo que se llama zimnica, comida para invierno, porque allí los inviernos son muy fuertes. Entonces hay costumbre de, en octubre y noviembre, preparar mucha comida que se pone en tarros y se guarda para invierno. Y después se come. Entonces se hace dentro de casas, y amigas se ayudan.

Así que no necesitamos esta palabra de conciliación. Ahora, con todo esto que pasa aquí, con la crisis, las mujeres no pueden pensar en esto, porque los hombres han quedado sin trabajo, las mujeres buscan doble trabajo. Pero creo que podemos ayudarnos mucho, porque con la experiencia que hemos tenido en nuestros países, creo que podemos ayudar aquí a que conciliación también sea una palabra innecesaria. Que todos tenemos tiempo para una cosa y para otra.

Gracias.

Por suerte no son mayorías que llegan así; es un porcentaje menor, pero existen casos, y existen casos muy fuertes y muy crueles. Y también, por otro lado, tenemos prostitución que es voluntaria, lo mismo pasa que en Cataluña.

El problema con una prostitución forzosa es que participa gente que es de gobierno, de policía, porque si no hay alguien que está dentro del país es casi imposible entrar ilegalmente. Entonces existen grupos que son dentro de instituciones oficiales, que aparte trabajan doble: trabajan para gobierno y trabajan por su cuenta para ganar más dinero y para abrir canales ilegales para inmigración ilegal y para prostitución forzada.

Casa Eslava existe desde 2007. Desde el principio hemos trabajado en campo de cultura, pero también en campo de ayuda social y ayuda a mujeres, y en ámbito de mujeres hemos trabajado prostitución. Colaboramos mucho con la Iglesia Ortodoxa y con la Iglesia Ucraniana Greco-Católica, así que también nos llegan casos a través de iglesias.

Dos casos más fuertes que puedo explicar sin decir nombres son de una niña de 18 años que vino de Rusia. Ella tenía una situación allí complicada; quería salir de Rusia porque era media huérfana, sin madre, vivía con padre y no se le daba bien. Entonces miraba anuncios en periódico y se encontró un anuncio que ofrecía muy buen trabajo de camarera en Barcelona: te pagan viajes, te ofrecen papeles, todo perfecto.

La niña se apuntó, vino en una camioneta escondida vía Rumanía, le han recogido el pasaporte, le dijeron que ellos necesitan tener su pasaporte ruso, y se encontró fuera de Barcelona, en una casa en un bosque. El segundo día, cuando se levantó, se encontró que estaba en una casa de prostitución, pero de un nivel muy, muy alto, solo para ejecutivos, todo de nivel.

Entonces tenía que pasar un chequeo de salud y el médico encontró que ella llevaba dos meses embarazada. Esto la salvó, porque no podían aceptar que trabajara una embarazada. Le pusieron en una camioneta de nuevo, la llevaron a una parte más profunda del bosque, a la montaña, y la tiraron como un paquete. Andando tres días, sin saber ni dónde estaba, hasta que encontró un pueblecito; desde allí llamaron a la Iglesia Ortodoxa. Alguien de la Iglesia fue, la encontró, la trajo a Barcelona, me contactaron, y hemos hecho entre Iglesia y Casa Eslava un procedimiento con ella para ver cómo ayudarle, qué hacer con papeles, cómo hacer con el embarazo. La niña estaba muy asustada; por suerte no han llegado ni a pegarle ni nada, solamente la han tirado como una basura, porque no servía para lo que ellos la querían.

Hemos contactado con Servicios Sociales de Barcelona. Hemos conseguido que nueve meses estuviera en una casa de acogida de Casa Eslava y después, cuando ya tenía bebé, pasó a otra casa de acogida de dones dentro de Barcelona. Ahora trabaja, esta chica está muy bien, pero cuando recuerda todavía no tiene fuerza para explicar todo lo que le pasó.

Otro caso es de una mujer de muchos más años; tenía cuarenta y pico. Digo tenía porque se ha muerto hace poco, y yo creo que su corazón y su cerebro ya no pudieron más. Ella es de Kazajistán, y cuando se ha roto la Unión Soviética, cuando todo se destruyó, la mafia cogió control en todos los ámbitos de la vida. Entonces la gente se quedaba sin trabajo; había una crisis, y no preguntabas dónde vas a trabajar, lo importante es que trabajes.

Así que su marido aceptó trabajar en una mina de diamantes. Y cuando se cerró esta parte de trabajo, le han ofrecido llevar un camión que llevaba estos diamantes. Pero la mafia tiene sus trucos, que a veces superan lo que vemos en películas, y a veces cuando miro películas me río porque digo: esto es ingenuo. Las cosas que nos llegan son mucho más fuertes.

Entonces la misma mafia le contrató, le dio un camión para llevar diamantes, porque ha sido todo por canales secretos, fuera del país. Y cuando él tenía descanso en una parada, la misma mafia le robó este camión. Y la culpa cayó sobre él, porque él había perdido el camión. Entonces le han puesto, por ejemplo, una deuda de 800 mil euros por todo lo que había en el camión y por el camión, que él tenía que devolver.

Entonces lo devuelven de nuevo a la mina, pero ahora sin sueldo: cada sueldo va para devolver deuda. Y a su mujer la secuestran y la venden por esta deuda. Así que ella aquí llega como prostituta, vendida; la han comprado y ha trabajado en un burdel catalán aquí.

Después de dos años un cliente consiguió ayudarle y ella se escapó, contactó con la policía, la policía contactó con nosotros. Y así la hemos rescatado, la hemos ayudado y empezó a trabajar como cocinera, pero nunca se recuperó. Bebía demasiado, aceptaba alquilar habitaciones a gente que estaba muy mal, y al final se ha muerto. El médico no encontró una causa clara; yo creo que es una mezcla de alcohol y todo lo que ha sobrevivido, y se ha muerto con menos de 50 años. De su marido no tenemos ninguna noticia.

Así que digo: esto ni un libro ni una película pueden crear, solamente las cosas malas que vemos en la vida. Pero por otro lado tenemos otro tipo de prostitución. Hay chicas que trabajan en clubes, estos clubes de lujo, club nocturno, y que explican que ellas están bien, porque les gusta o porque necesitan dinero, pero no van porque están forzadas. Ellas trabajan las horas que quieren, el cliente toma bebida y ellas ganan porcentaje.

Yo creo que la mejor conciliación de mi vida la he oído de una de ellas, porque ella es de Almería, es rusa, está casada con un chico de Almería, y para el chico la historia oficial de la vida de su mujer es así: yo llevo una empresa de inmobiliaria en Barcelona, tengo secretaria, dos semanas paso en Barcelona y dos semanas con mi familia. Entonces, cuando está en Almería, ella es como ama de casa, solamente se dedica al marido y al niño; tienen un niño de 10 años.

Cuando viene aquí, ella trabaja en este club de lujo y, para su marido, ella va a esta empresa de inmobiliaria, gana bastante dinero y ayuda a su familia. Ella tiene una conciliación perfecta. Pero no podemos todos conseguir una conciliación de este tipo.